La historia de la salvación de Dios que nos relata el AT se basa en la historia de un Pueblo con sus contradicciones. Los autores que denominamos sagrados escriben desde su tradición cultural, desde su tradición religiosa y desde su humanidad: sus conocimientos, su carácter, sus defectos, etc. Dios respeta su libertad y, creemos, consigue manifestarse en esos relatos tan humanos y ...., tan divinos.
Julian hizo una pregunta en el grupo de Whatsapp que
Paco ha respondido correctamente.
La pregunta es:
"He dado pan al hambriento, he dado de beber al que tenia sed, he vestido
al que estaba desnudo, he pasado el rio
al que no tenía barca"....
En que siglo aproximadamente pensais que se escribio esto ??
La respuesta de Paco:
"Veo que nadie se ha atrevido a contestar. Creo que es un texto del Antiguo Egipto. O sea hace unos cuarenta siglos?"
Y la solución de Julián:
"Efectivamente, es la llamada Inscripción de Neferseshemre.......escrita en la Dinastia III o IV Egipcia.
La fecha aproximada es entre el 2.686 y el 2.498 aC.
Es decir, de hace unos 4.500 años. ....
Como vemos mas de 2.000 años antes de que se escribieran las primeras páginas del Antiguo Testamento, ya habia gente en Egipto. .....que escribia cosas y demostraba una humanidad, que muchos podrían pensar que estarían escritas muchos siglos despues o en la propia Biblia ..."
La fecha aproximada es entre el 2.686 y el 2.498 aC.
Es decir, de hace unos 4.500 años. ....
Como vemos mas de 2.000 años antes de que se escribieran las primeras páginas del Antiguo Testamento, ya habia gente en Egipto. .....que escribia cosas y demostraba una humanidad, que muchos podrían pensar que estarían escritas muchos siglos despues o en la propia Biblia ..."
Pero yo quiero decir algo más.
Este Año de la Misericordia que nos ha propuesto Francisco
nos vuelve a poner en primer plano lo que estudiamos en el Catecismo, y algunos
en Quinto de Bachillerato, en relación con las Obras de Misericordia, en este
caso las que se llaman Obras de Misericordia materiales: "Dar de comer al hambriento, .....
Puede llamar la atención que algo que parece específicamente
cristiano resulte que procede de una antiquísima tradición egipcia, pero no
tiene nada de especial por dos motivos al menos:
Porque pueblos próximos o que han convivido comparten tradiciones comunes. El pueblo judío, como sabemos, estuvo cautivo en Egipto desde aproximadamente 1.870 a.c. hasta 1.446 a.c.
Porque pueblos próximos o que han convivido comparten tradiciones comunes. El pueblo judío, como sabemos, estuvo cautivo en Egipto desde aproximadamente 1.870 a.c. hasta 1.446 a.c.
Estas tradiciones egipcias, recogidas también en el Antiguo Testamento, fueron conocidas por Jesús y por sus coetáneos. Así que la secuencia sería: tradiciones egipcias asumidas por los judíos – recogidas en el AT – aprendidas y enseñadas por Jesús y recogidas en el Nuevo Testamento.
En efecto, el Libro de Isaías, del AT, en su capítulo 58, versículos 10
y 11, recoge: “10 y si dieres tu pan al
hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y
tu oscuridad será como el mediodía.11 El Señor te pastoreará siempre, y en las
sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de
riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan”.
Y Jesús, según recoge Mateo, del NT, en el Capítulo 25: “34
Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad
el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve
sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36 estuve desnudo, y me cubristeis;
enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.”
Todo lo que nos pasa es, lógicamente, muy humano, pero esto
no es óbice para que pueda ser también muy divino. La inspiración que se supone
a los Libros Sagrados no significa que lo que esté allí plasmado sea novedoso o
se haya escrito al dictado de Dios. Significa que el autor sagrado, persona de
su tiempo y, por tanto, conocedor de las tradiciones de su pueblo, escribiendo
lo que quería y podía escribir, dentro de su tradición y época, contribuía, sabiéndolo o no, a la revelación de
Dios a la Humanidad.
Una afirmación de contenido práctico y ético, como es la de
dar de comer al hambriento refleja la voluntad de un Padre amoroso, la escriba
primero un sumerio, un egipcio o un judío. Un ejemplo más del respeto que
debemos tener por el diferente, que siempre acaba por demostrarse no tan
diferente.
Recuerdo que cuando vi la película "La Pasión de Cristo" (tardé años porque tenía prevención, creo que por si me defraudaba y, además, le había oído a mi padre un comentario sobre la ansiedad que le produjo la escena de la flagelación) me gustó casi todo, salvo cuando Jesús, joven, trabajando como carpintero construye una mesa como las actuales ante la extrañeza de su madre que comenta que nunca se pondrá de moda una mesa tan alta; y es que la divinidad de Jesús no podía anular su humanidad plena: Jesús descubrió la voluntad de su Padre siendo tan humano como divino y me repugna pensar que su divinidad le evitó su humanidad, es decir, su procedencia de una tradición, su esfuerzo por el saber, etc.. Si construyó mesas lo hizo con el mismo esfuerzo y apoyado en los mismos conocimientos que los carpinteros de su tiempo.
Pues algo así aplica a los autores inspirados: escribieron lo que quisieron escribir, dentro de su tradición, que procedería de fuentes propias y de fuentes de culturas con las que tuvieran contacto, y a través de lo que escribieron, unos y otros a lo largo de siglos, Dios se fue revelando hasta llegar la plenitud de los tiempos, en que la revelación cambió de contexto: de hombres que transmitían de formas diferentes la revelación de Dios, al Hombre que en su propia Persona manifestaba al propio Dios.
Sí que merece la pena tomar notra de las diferencias,
añadidos o ausencias, de tradiciones recogidas en el AT o en el NT procedentes
de pueblos con los que había intercambios culturales. Por ejemplo, el relato de
la Creación de Génesis, que procede de una tradición sumeria presenta, en la tradición judía, dos
añadidos respecto a aquella; por una parte, cada periodo en el que Dios va
creando termina con una afirmación: “Y vio
Dios que era bueno”, que da una nueva visión de lo creado como esencialmente bueno. Y al terminar de crear al hombre: “Y vio Dios que era muy
bueno”, refiriéndose a lo que acababa de hacer. Y por otra, no refleja un Dios
bueno enfrentado con una entidad del Mal, en la que el poder de ambos está a la
par, sino un Dios pleno de poder al que todo se le somete, también el Mal. De modo que la revelación hay que buscarla en la totalidad del relato, que en líneas generales procede de fuentes sumerias, y en las peculiaridades que el autor sagrado decidió introducir.
No entro aquí en si el concepto de inspiración se parece más a lo que le ocurrió, por ejemplo, a Beethoven cuando compuso el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía, que muchos consideran como genial, o a esa experiencia que algunos hemos tenido, pocas veces en verdad, cuando, sin tener ideas preconcebidas y pensadas, hemos sido capaces, sin saber cómo, de expresar ideas que a otros les han parecido muy acertadas y dignas de tener en cuenta.
Esta primera aproximación se basa en conocimientos que he ido adquiriendo a lo largo de los años, en mi meditación de la Sagrada Escritura a lo largo de años y en mi sentido común. No pretendo, faltaría más, pontificar.
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