domingo, 21 de julio de 2019

La prioridad de la caridad sobre la verdad

Pretendo expresar con ideas sencillas la siguiente tesis: la caridad tiene prioridad sobre la verdad y es la forma de contrastar ésta. No hablamos de la verdad lógica de tipo matemático o científico, sino de la verdad en relación con la vida: la verdad sobre mi mismo, sobre mis relaciones con los demás, etc

Los principios en los que hemos sido educados son:
1. La verdad consiste en que lo que decimos de las cosas coincida con lo que las cosas son; en que se adecúe la idea que tengo de la cosa con la cosa. Es una relación entre el intlecto y la cosa.
2. La verdad debe ser quien gobierne la vida de las personas.
3. Hay una Verdad independiente de nuestra percepción que estamos obligados a buscar y a seguir.

Los problemas que presentan estos principios en la vida práctica son:
1. Es problemático el ser de la cosa y es problemática la relación de ese ser de la cosa con la idea que tengo sobre él y con la expresión en palabras que hago de esa idea.
2. Las personas, además de ser mente, somos más cosas. En la integración de lo que percibimos, sentimos, creemos,  deseamos, etc se fragua lo que "pensamos". De modo que algunos piensan que esa adecuación entre el intelecto y la cosa es realmente la adecuación entre la integral esa de la que hablo y la percepción de la cosa. De modo que la verdad no es solo cosa de aplicar correctamente la razón, sino, y no en menor medida, de tener unos sentimientos educados y una conducta recta.
3. Esta bien que haya una verdad objetiva, al margen de nuestras percepciones, y nos sentimos impulsados a conocerla, y nos gustaría conocerla, pero la práctica nos enseña una y otra vez que, aun cuando hay algunas verdades relacionadas con la materia que pueden ser objetivadas hasta un cierto punto, incluso reducidas a ecuaciones simples, en relación con la vida de las personas y las relaciones humanas, el método científico no aplica y, siempre que haya honestidad intelectual, es respetable lo que cualquiera piense.

Mi primera aproximación a la solución de estos problemas es:
1. Es una obligación grave y no es lícito abandonar la obligación de buscar la verdad sobre uno mismo y sobre las relaciones con los demás. El camino de la razón no es el único, aunque sea muy importante; el camino de la rectitud de conciencia y de conducta es esencial.
2. Sin embargo, como el camino de búsqueda de la verdad no terminará nunca y, además, nunca habrá coincidencia entre las conclusiones de unos y otros, es prioritario que cada uno ponga en práctica en su vida las conductas que se deriven de su verdad con el fin, mucho más práctico puesto que se permite el contraste con la realidad, de experimentar en la propia vida y dar oportunidad a los demás de contemplar los hechos, cuál es el camino más eficiente y que produce mayor felicidad propia y colectiva. Es fácil en la vida social identificar la falta de verdad (la falta de verdad de la que hablo se traslada inemdiatamente a la conducta); las sociedades deberían ser muy sensibles a la mentira y echar de la vida social, sin contemplaciones, a los mentirosos.
3. Las posturas "talibanes", que además suelen ser "mamporreras", consistentes en una actitud del tipo "yo tengo la verdad conmigo y tu estás en un error", hablamos de los temas más importantes de la vida, no de bobadas, no facilitan las relaciones personales ni siquiera la madurez personal. El respeto al discrepante es el máximo exponente de la madurez personal y social.
4. A efectos de cambios sociales es mucho más eficiente una conducta ejemplar que una gran capacidad argumentativa.

Y mi primera conclusión, provisonal a efectos de debate, es que sin abandonar la razón, lo razonable,  produce mucha mayor madurez y felicidad personal y mucha mayor eficiencia social una conducta recta, que una tonelada de argumentos bien hilados y escritos en tomos perfectamente editados.
Y todo esto, para concluir provisionalmente la prioridad de la caridad, de los hechos de una conducta recta, que los bla, bla, bla, bla, bla,  ......., y más bla, bla, bla, bla, bla.
Y entiendo, de momento, la caridad en su medida mínima: justicia y derecho

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